El tiempo del líder

El Gobernador de la provincia fue abordado por medios locales y, como lo hace últimamente, hizo la “gran Messi”.

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Gioja dilata su decisión.

El paso del tiempo es inexorable, podemos discutir mucho sobre la naturaleza del mismo, podemos abordar la temporalidad desde distintas visiones y es muy posible que nunca lleguemos a un consenso. Pero lo que sí es cierto, es que de alguna manera, ya sea subjetivamente o por la distensión de San Agustín o entendido como el cambio y mutación de Heráclito, todos los humanos experimentamos esa marcha de la temporalidad.

Ricouer encontró lo que definió como “tiempo calendario”: es el modo social de que el devenir no sea caótico. El gobernador sanjuanino usa de manera plástica el tiempo y dilata decisiones que ya deberían estar puestas al servicio de su San Juan, ese pueblo al que “paternalmente” protege y cuida: “La decisión central es que hemos decidido votar junto con la Nación. Las cosas hay que dejarlas que decanten, estoy seguro que vamos a tomar la mejor decisión para que al pueblo de San Juan le vaya bien. No me pregunten cosas que no voy a contestar, yo ando enfermo de estómago, si me almuerzo la cena me puedo indigestar”.

El líder paternalista es aquel actor social que da consejos a sus ciudadanos para que obtengan resultados, los guía, les “ilumina” el camino e indica la necesidad de hacer las cosas bien. Recompensa por las cosas bien hechas, pero castiga lo que se hace mal, es “como un padre”sin serlo, no quiere dejar a los congéneres abandonados a la suerte y destino, cree que nadie es capaz de reemplazarlo y hace creer a sus obsecuentes que realmente es así.

“La familia acompaña siempre, mi familia es de hierro, siempre hemos estado juntos, vamos a seguir estando juntos”, concluyó el mandatario sanjuanino.

El líder democrático es aquel que consulta a sus empleados antes de tomar sus decisiones y piensa que sus opiniones cuentan porque tienen criterio propio,  fomenta la participación de la comunidad, dejando que los ciudadanos decidan más sobre sus funciones y tengan las suficientes competencias para tomar decisiones. Los trabajadores pueden opinar, no se limitan solo a recibir órdenes, y de hecho se alienta su participación. A buen entendedor, pocas palabras.

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