El indulto que demostró que nuestra democracia es aún más joven

El 7 de octubre 1989, por decisión totalmente unipersonal, el Presidente neoliberal Carlos Menem tomó una decisión gravísima, que llamativamente, en ese momento no hizo mucho ruido en la sociedad. Con apenas 6 años de democracia y luego de que los esfuerzos del Presidente Raúl Alfonsín juzgaran, condenaran y sentenciaran a las juntas militares con el poder de facto aún vigente y activo, Carlos Saúl decidió no solo perdonar sino librar de toda condena a 1200 persona que participaron en crímenes de Lesa Humanidad durante la dictadura. Qué hubo detrás de aquel perdón, es el interrogante.

 

El indulto es una decisión que no tuvo la repercusión que merecía en la opinión pública. Quizás el camino recorrido era tan corto y el desconcierto social tan grande después de la dictadura, que aún gran parte de la sociedad seguía “confundida”. Con el Gobierno de los Kirchner por primera vez la memoria de aquella época encendió y los Derechos Humanos hoy forman parte de la conciencia colectiva más allá de los sectores que se vieron afectados directamente.

Raúl Alfonsín se vio en la tarea más complicada: enjuiciar a un Gobierno con sus propias leyes, cuando aún permanecía vivo detrás del triunfo de la democracia. Sin embargo, fue en medio de un proceso muy lento, y la sociedad necesitaba tiempo (tanto que aún hoy no podemos cerrar esta historia). Recién el último informe de la CONADEP luego de las sentencias, mostró públicamente y por primera vez la cantidad de crímenes de Lesa Humanidad que se habían cometido por parte del Gobierno de Facto y por parte de los grupos civiles.

Hasta ese momento, socialmente eran pocos los que sabían lo que sucedió realmente y muchos de los que sabían se mostraron reservados con la información por diferentes motivos, entre ellos el miedo.  Además, las fuerzas militares aún tenían control sobre muchos medios de comunicación, por lo que impidieron que se trasmitieran por televisión las declaraciones de testigos.

Nos imaginemos que en aquel incipiente gobierno de Derecho lo que sucedió durante la dictadura aún eran páginas en blanco, con algunos apuntes, con algunos indicios, y lleno de incertidumbre.

Carlos Menen asumió la presidencia y decidió dar PUNTO FINAL a la historia, cuando aún no tenía comienzo en las memorias. Dentro de toda la basura que el ex Presidente riojano quiso meter debajo de la alfombra, se incluyó una de las historias más patéticas que sufrió Argentina.

Indultados

 

¿Será que en ese momento la sociedad “necesitaba” pensar en otra cosa? ¿O hubiésemos madurado más este proceso si Menem no lo hubiese querido esconder? Otros tantos alegan que fue una clara negociación a cambio de eliminar el servicio militar obligatorio…

El mundo feliz de Menem fue irrisorio en infinidad de aspectos, entre ellos, el indulto a quienes como Estado secuestraron, torturaron y desaparecieron físicamente a ciudadanos de nuestro país. Tirar abajo lo que con esfuerzo se logró los primeros años de democracia fue una falta de respeto a la Constitución y los Derechos Humanos. Hace 25 años Menem tomaba esta decisión para comenzar una gestión de pura alegría, libre de tormentos.

Entre 1989 y 1990 Menem liberó de cargos a TODOS. Sumaron 1200. Nadie dijo nada en ese momento, solo vivimos felices por mucho tiempo. Hubo sectores que resistieron, detrás pantalla de humo, y llegado el momento dieron luz a la memoria olvidada para revalorizar lo que el Fiscal Julio César Strassera expresó cuando se dirigió a los jueces durante los juicios de Alfonsín: Nunca Más.

Desde el 2003 al 2010 se dio un proceso de viraje hacia la política de derechos humanos. Desde que algunos legisladores trataron de “inconstitucional” el indulto de Menem, hasta que en 2010 la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó sentencias de tribunales inferiores, dictando que los indultos no fueron constitucionales y las condenas que anularon debían ser cumplidas.

Un Nunca Más mucho más fácil de pronunciar en el año 2000, por supuesto. Un Nunca Más delante de militares ya viejos y sin poder. Eso no podemos obviarlo. Quizás el proceso se dio de esta manera porque así debió ser, lo cierto es que no se puede volver atrás. Pero sí se puede terminar de reconstruir este pasado, una asignatura pendiente de muchos que por 20 años esperaron reivindicación.

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