Detrás de todo gran libro siempre hay una gran musa

“No se debe nunca escuchar a las flores. Sólo se les debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello”. Eso escribió Antoine de Saint-Exupéry supuestamente sobre su esposa, una salvadoreña que inspiró el personaje de “La rosa” en “El Principito”.


Pionero de la aviación, autor de best sellers , ídolo romántico, Antoine de Saint-Exupéry gozó en vida de una fama sólo superada por su celebridad póstuma. Su misteriosa desaparición, aquel 31 de julio de 1944, durante un vuelo de reconocimiento sobre la Francia ocupada, y el posterior éxito mundial de El principito, hicieron de él un mito que, desde entonces, ha subyugado a los franceses, quienes lo consideran un “santo”.

En 1931, la vida de dos personas cambiaría para siempre: Antoine de Saint-Exupéry y Consuelo Suncín-Sandoval Zeceña se conocieron y ambas estrellas encontraron por quien brillar, o al menos así lo creyeron. Fue Consuelo Suncín la salvadoreña que inspiró El Principito, el famoso libro de Saint-Exupéry. Después de contraer matrimonio en Francia, su relación sufrió altibajos desde el inicio; primero porque la salvadoreña era viuda y divorciada, situaciones que no opacaron su hermosura, y, después, por la profesión de su nuevo marido, el gusto de éste por la vida bohemia, su éxito como artista y escritor, y sus incontables amantes…

La rosa de El Principito es un homenaje de Saint-Exupéry a su esposa. Su infidelidad y dudas acerca del matrimonio son simbolizadas por el campo de flores que se encuentra el pequeño príncipe en la Tierra. Sin embargo, el zorro le dice que su rosa es especial porque es a ella a la que realmente quiere. Hoy hay un consenso en que la salvadoreña inspiró el personaje de la rosa en El Principito y que la obra es una alusión a la atormentada relación matrimonial que duró 13 años.

rosa

 

En la biografía: Consuelo de Saint-Exupery, una novia vestida de negro, publicada en 2010 por Marie-Helene Carbonel, se cuenta que la salvadoreña inventó historias y mitos alrededor de su persona para lograr ser aceptada en los círculos sociales de sus dos últimos esposos. Consuelo Suncín nació en Armenia, El Salvador, en 1901, y tras algunos años de vivir en Estados Unidos, contrajo matrimonio con Ricardo Cárdenas, un joven de padres mexicanos, encargado de una tienda de pinturas. Pero tras descubrir que el joven no lograría cumplir sus metas, Consuelo decidió divorciarse de él poco antes de que éste muriera en un accidente ferroviario. Viuda y con sólo 22 años, viajó a México, donde inició estudios en Derecho, aunque los abandonó pronto cambiándolos por los de Periodismo. Poco después viajó a París con José Vasconcelos, una de las figuras intelectuales, culturales y políticas más destacadas de la época en México. Y mientras mantenía una relación con el mexicano en la capital francesa, conoció a Enrique Gómez Carrillo, diplomático guatemalteco, escritor y periodista con quien contrajo matrimonio.

Cuatro años más tarde y tras la muerte de su segundo esposo, Consuelo viajó Buenos Aires, Argentina, país del que obtuvo la nacionalidad y donde conocería al célebre escritor y piloto francés. Según Paul Webster, corresponsal de The Guardian y autor de Antoine de Saint-Exupery: la vida y la muerte de El Principito, publicada en 1993, “los allegados a Saint-Exupéry nunca tuvieron tiempo para Consuelo. Y también fue descartada por su cuñada, la escritora Simone de Saint-Exupéry, quien la describió como una ‘mujerzuela’ y una ‘condesa de película’. Pero fue ella la mujer en la que el escritor encontró la inspiración y fue en la escritura en la que encontró una manera de pedir perdón a la mujer a la que lastimó con sus múltiples “aventuras”.

Simone de Saint-Exupéry aseguró que cuando un miembro de la familia Saint-Exupéry decidía casarse con una extranjera, su acción se consideraba peor que si se casara con una judía, declaración que resumía la posición monárquica, antisemita y ferozmente xenofóbica de esta familia, cuya aristocracia databa del siglo XII.

En Antoine de Saint-Exupery: la vida y la muerte de El Principito, dice Paul Webster, no hay duda de que el personaje de la rosa es Consuelo, que se cree única en el mundo, se estima capaz de dominar a cualquier hombre y, al mismo tiempo, mantiene esa actitud provocativa como una defensa, pues se sabe débil. Y la rosa aparece rodeada de volcanes. El Salvador, un país con muchos volcanes; era considerado a principios de siglo como el faro del Pacífico porque siempre había alguno en activo. El otro gran personaje: el zorro, es Denis de Rougemont, autor de L’Amour et l’Occident, quien en ese momento se encontraba, al igual que el autor francés, en Nueva York, donde ambos discuten sobre el amor, el deseo, el matrimonio y la sexualidad. El escenario de la novela transcurre en un desierto imaginario que en realidad es el de Libia. Sólo basta recordar que Antoine tuvo un grave accidente de avión en 1935 y tuvo que sobrevivir, solo, en ese desierto libio.

El Principito

 

Durante muchos años se dijo que el escenario de El principito lo había ideado el escritor para escapar de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, pero todo embona perfecto. En lo que muchos están de acuerdo es que: más que una fábula filosófica, El Principito es una alegoría de la propia vida de Saint-Exupéry, de sus incertidumbres y su búsqueda de paz interior. Pero también es una alusión a la atormentada relación con Consuelo.

Desde se publicación se ha querido presentar a este libro como un cuento para niños. Pero no lo es de ningún modo. Es un libro que Antoine de Saint-Exupery escribió para pedir perdón a Consuelo, es un acto de contrición.

Pero esta es sólo una parte de la historia, Consuelo escribió La rosa que cautivó al Principito. En este texto expone los “tormentosos 13 años de matrimonio que vivió junto a Antoine”. A través de estas páginas la salvadoreña arroja una nueva luz sobre la personalidad compleja de Saint-Exupéry y el papel que cumplió ella en su vida y sus escritos. En 275 páginas cargadas de amor, pasión, traición y tragedia, la beldad salvadoreña reclama su lugar en el mito Saint-Exupéry.

 

Fuente: Luz Espinosa @magdaduduls para Cultura Colectiva

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