La previa del debut de Boca en la Copa Libertadores quedó marcada por un conflicto institucional que requirió la intervención directa de Conmebol. Finalmente, el organismo sudamericano garantizó la presencia de hinchas visitantes y el equipo argentino contará con 2.000 lugares en el estadio San Carlos de Apoquindo.
El escenario estuvo atravesado por idas y vueltas entre las partes. Universidad Católica había reducido inicialmente el cupo de entradas y luego evaluó eliminar por completo la presencia visitante, lo que generó una respuesta inmediata del club argentino, que se amparó en el reglamento vigente.
La presión institucional y la intervención del organismo rector del fútbol sudamericano terminaron por ordenar la situación. El reglamento establece la obligatoriedad de recibir público visitante, salvo excepciones puntuales que no aplicaron en este caso.
En paralelo, desde Chile se encendieron las alarmas por el contexto del partido. El presidente de Universidad Católica, Juan Tagle, reconoció que el encuentro representa un desafío operativo inédito para el estadio y deslizó la existencia de presiones. Incluso mencionó la posibilidad de sanciones deportivas si no se cumplían las condiciones exigidas.
El operativo de seguridad será reforzado de manera significativa. Habrá mayor presencia de carabineros y controles coordinados entre ambos países, incluyendo el cruce de datos con el programa Tribuna Segura para evitar el ingreso de personas con restricciones.
El antecedente inmediato también pesa en la organización. Será la primera vez que una hinchada argentina viaje a Chile tras los incidentes registrados en 2025 en el partido entre Independiente y Universidad de Chile, que derivaron en sanciones de Conmebol.
En este contexto, Boca debutará en la Libertadores en un partido que trasciende lo deportivo y expone las tensiones que aún rodean la organización de eventos internacionales con público visitante.
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